El espacio del que nos toca hablar aquí fue llamado “Estudios poscoloniales y crítica al orientalismo”. Allí, buscamos debatir acerca de la distinción presuntamente geográfica entre Oriente y Occidente y sus consecuencias políticas. Buscamos desenterrar los supuestos colonialistas que subyacen a tales conceptos y pensar los modos en los que tienen injerencia sobre nuestra forma de hacer filosofía.
Una actividad inicial, o más bien un trampa, daba inicio al diálogo: en un mapamundi para colorear, los asistentes debían usar fibrones para delimitar Oriente y Occidente. Las respuestas fueron diversas y efectivamente se armó el debate. Entre todos, reflexionamos acerca de que dicha forma de dividir el mundo no es meramente geográfica, sino política, y de que sus efectos políticos tienen mucho que ver con lo equívoco de sus límites. Este diálogo, que tenía por fin pensar el lugar que China e India ocupan en el globo y en la vida académica internacional, nos hizo reflexionar acerca del lugar que la Argentina misma ocupa en cuanto a estas cuestiones, y pudimos debatir acerca de qué hay de similar y diferente en los modos en los que estas diversas Naciones viven y conciben el colonialismo.
Durante un breve intervalo, todos los asistentes de las cuatro mesas compartimos un momento para comentar las actividades que el Grupo propone para el 2026. En ese momento, algunos asistentes de nuestra mesa migraron a otras, y nuevos participantes se nos sumaron. Para concluir esta nueva etapa, quienes coordinábamos nos enfocamos en nuestras personales líneas de investigación para proponer discusiones más específicas. Mateo trajo la cuestión del orientalismo negativo y positivo. Nicolás hizo hincapié en la cuestión de la exclusión de las filosofías asiáticas de las carreras de filosofía y los problemas y las estrategias para su inclusión. Pilar propuso contraponer orientalismo y occidentalismo para pensar la construcción de la imagen de “Occidente” y su impacto en el ámbito de la filosofía intercultural. En cada instancia, nuevos focos de discusión reavivaban el debate.
El hecho de que no hubiera sido necesario abandonar la mesa, que fuera decisión de cada cual, desencadenó un fenómeno muy particular: los nuevos participantes, notábamos a medida que avanzaba el diálogo, no contaban con los supuestos y consensos que habíamos elaborado en las dos horas iniciales de la actividad, y eran los asistentes que habían venido desde el principio -no nosotros, coordinadores- quienes se ocupaban de hacer ingresar a los nuevos en la comunidad. Este hecho, para nosotros, ilustraba muy precisamente el carácter de constructivo y horizontal que habíamos buscado al proponer esta actividad. En efecto, ese viernes habíamos comenzado la jornada con la incertidumbre que provoca un corrimiento. Al concluir, nos encontramos agradecidos y engrandecidos por el diálogo compartido con quienes no sólo se acercaron, sino que también con generosidad expusieron sus ideas, escucharon, modificaron y construyeron con nosotros.

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